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Resurrección

Resurrección

 
RESURRECCIeN
Es el principio fundamental de los tratos de Dios en gracia hacia el hombre, por cuanto el hombre está bajo sentencia de muerte, y en la muerte misma, debido al pecado (cfr. Efesios 2:1 , 4-6; Colosenses 3:1 4, etc.). La expresión la resurrección general se halla en obras de teología, y hay una creencia general de que todos los muertos serán levantados simultáneamente. Sin embargo, esta idea no se halla en las Escrituras. El Señor habla de resurrección para vida (Juan 5:29 ). El orden de la resurrección definitiva, dejando a un lado las resurrecciones temporales con que Dios manifestó su poder, es: Cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin... (1 Corintios 15:23 24). Este fin es evidentemente el levantamiento de los malvados a juicio, o, en otras palabras, a resurrección de condenación (Juan 5:29 ). En Apocalipsis 20:4 5 se ve una estrecha correspondencia con el pasaje de 1 Corintios 15:23 24; en ambos se aprecia, con la frase clave cada uno en su debido orden, cómo se interpone el reinado milenial de Cristo (véase MILENIO) entre la resurrección de los Suyos y la resurrección de condenación, o el fin.
Así, siguiendo el orden de resurrecciones establecido en las Escrituras, se pueden considerar, sucesivamente:
(a) La resurrección del Señor Jesucristo.
El retomo de Cristo a una vida corporal glorificada, tres días después de su muerte, constituye, junto con la cruz, la base misma del Evangelio (1 Corintios 15:3 4). Sin este hecho glorioso, la fe del cristiano sería totalmente vana (1 CO. 14:14-19).
La resurrección del Mesías está ya anunciada en el AT (Lucas 24:44 46; Genesis 22:2 5; cfr. Hebreos 11:19 ; Numeros 17:1 11; cfr. Romanos 1:4 ; Isaias 53:10 12; Mateo 12:39 40; Salmos 16:9 10; 110:1; cfr. Los Hechos 2:29 36). El mismo Jesús había advertido a sus discípulos de ello (Mateo 16:21 ; 17:22-23; 20:19; Juan 2:18 22; Marcos 9:9 10).
Después de que Su muerte hubiera sido debidamente constatada y que las autoridades hubieran tomado todas las precauciones para evitar toda superchería, el hecho de la resurrección ha quedado demostrado con pruebas indudables. Los testimonios son numerosos y concordantes: las mujeres, María Magdalena; los discípulos, Pedro, Juan, Santiago, Tomás; los guardias, los ancianos, los discípulos de Emaús, los quinientos hermanos mencionados en 1 Corintios 15:6 , los once apóstoles, Saulo de Tarso (cfr. los Evangelios, Los Hechos 10:40 41; 1 Corintios 15:5 8). Los discípulos, bien lejos de inventarse apariciones imaginarias, fueron difícilmente persuadidos de un hecho tan extraordinario. El Señor Jesús tuvo que reprocharles vivamente su incredulidad y dureza de corazón (Marcos 16:13 14; Lucas 24:22 25, 37-39), y les dio unas pruebas tales que finalmente quedaron totalmente persuadidos. Su fe consiguiente los transformó y los capacitó para ir hasta el mismo martirio por su Señor resucitado. Por otra parte, el sepulcro había quedado vacío, y los mismos enemigos de la naciente Iglesia, que tenían en sus manos todos los resortes del poder, no pudieron jamás presentar el cadáver del Crucificado. Después de los cuarenta días transcurridos con Sus apóstoles, el Señor los dejó, y glorificado en las alturas les envió el Espíritu Santo (Los Hechos 1:3 9). Desde entonces, los discípulos vinieron a ser, en todo lugar, testigos de la resurrección (Los Hechos 1:22 ; 2:32; 3:15; 4:10, 33; 5:31-32; 10:40-42; 13:30-37; 25:19, etc.).
Consecuencias de la resurrección:
(A) Para el mismo Jesucristo: el ha sido declarado Hijo de Dios con poder (Romanos 1:4 ); le ha sido dado todo poder en los cielos y en la tierra (Mateo 28:18 ); desde entonces está sentado a la diestra de Dios, coronado de gloria y de honra (Los Hechos 2:32 34; Hebreos 2:9 ), esperando el momento de Su venida para establecer Su reino (Los Hechos 17:31 ).
(B) Para los creyentes: la resurrección hace posible nuestra salvación (Romanos 4:25 ). El Cristo viviente intercede por nosotros y nos da plena salvación (Hebreos 7:23 25; 1 Pedro 3:21 ). Cristo, el último Adán, crea una nueva humanidad, de la que el creyente viene a formar parte (1 Corintios 15:45 49). el es las primicias de los muertos, y Su resurrección es la firme garantía de la del creyente. el es la resurrección y la vida; ciertamente, ha resucitado (1 Corintios 15:20 23; Juan 11:25 26). (Véase JESUCRISTO.)
(b) La resurrección de los creyentes.
este es un artículo fundamental de la fe cristiana, y la Biblia la muestra de una manera multiforme. Aunque se afirma con frecuencia que en el AT no se halla mencionada de una manera explícita, contiene, sin embargo, alusiones directas a ella, y claras profecías. Hay los relatos de tres resurrecciones que demuestran que el poder de Dios triunfa sobre la muerte (1 Reyes 17:21 ; 2 Reyes 4:34 ; 13:21). Dos arrebatamientos demuestran que los amados del Señor pueden escapar a la tumba (Genesis 5:24 ; 2 Reyes 2:11 ). Tres tipos de la resurrección ya han sido mencionados en el apartado (a) anterior acerca de Jesucristo (Genesis 22:5 , cfr. Hebreos 11:19 ; Numeros 17:8 ; Mateo 12:39 40). Ezequiel da una visión imponente de una resurrección nacional. Aunque se trate de la resurrección de Israel como nación (Ezequiel 37:1 10, cfr. Ezequiel 37:11 14), no deja de ser notable que la imagen usada para ello es la de la resurrección. Job proclama, en uno de los libros más antiguos de la Biblia, si no el que más, su fe en la resurrección basada en la vida de su Redentor (Job 19:23 27). El salmista sabe que Dios lo sacará de la morada de los muertos (Salmos 49:15 ). Isaías anuncia la victoria definitiva sobre la muerte (Isaias 25:7 8). Si bien Isaias 26:19 es entendido por algunos como refiriéndose a la resurrección nacional de Israel, otra vez se aplica la observación referente a Ezequiel: el hecho mismo de que se use la imagen de la resurrección es sumamente significativo. Daniel habla claramente de dos tipos de resurrección (Daniel 12:2 ), y él recibe personalmente la certeza de que se levantará para recibir su heredad (Daniel 12:13 ). (Para una exégesis detallada de Daniel 12:2 , véase apéndice al final de este artículo.) Finalmente, Oseas canta el triunfo sobre el sepulcro. Jesús mismo ve en Exodo 3:6 , 15-16 una afirmación de la resurrección (Lucas 20:37 38). En realidad, la idea de la resurrección subyace en todas las enseñanzas del AT. En el judaísmo del tiempo del Señor era aceptada como un artículo de la fe ortodoxa (cfr. Juan 11:24 ), y el hecho de que los saduceos no creyeran en ella se presenta como una anomalía (Mateo 22:23 ; Los Hechos 23:6 8).
En el NT se hallan otros seis casos de resurrección (Lucas 7:13 16; 8:55; Juan 11:44 ; Mateo 27:52 53; Hch .9:40; 20:9-10). Pero es evidente que cada una de estas personas devueltas a la vida volvió a morir, con la posible excepción de los mencionados en Mateo 27:52 53. Sólo Cristo ha resucitado definitivamente, con la posible excepción de un puñado, después de Su resurrección, para prenda de Su obra futura. En cuanto a nosotros, esperamos una mejor resurrección (Hebreos 11:35 ). Todos estos ejemplos y promesas constituyen una base para la revelación más plena de Pablo acerca de esta enseñanza.
Manera en que operará la resurrección.
(A) Siguiendo la analogía de la naturaleza. En efecto, en ella podemos observar cómo a partir de la muerte surge la vida (cfr. Juan 12:24 ), cómo la pequeña semilla es mucho más pequeña que la futura planta, cómo el Creador tiene la capacidad de suscitar una infinidad de diversos cuerpos (1 Corintios 15:35 41).
(B) Según 1 Corintios 15:42 44 el cuerpo nuevo será incorruptible, glorioso, lleno de poder, espiritual.
(C) De hecho, será a semejanza del de Cristo resucitado (1 Corintios 15:45 49; Filipenses 3:20 21). Así como en el cuerpo terrenal la adecuación tenía su énfasis en el alma, siendo un cuerpo animal, psíquico, en el cuerpo nuevo el acento se pone en su adecuación al espíritu (1 Corintios 15:44 45).
Tiempo de la resurrección.
Tendrá lugar a la venida de Cristo (1 Corintios 15:23 ), en el día postrero (Juan 6:39 , 40, 44, 54), en el momento del arrebatamiento de la iglesia (1 Corintios 15:51 53; 1 Tesalonicenses 4:13 18). Los creyentes que en aquel momento vivan sobre la tierra no morirán: transformados en un abrir y cerrar de ojos, serán arrebatados a los aires al encuentro del Señor junto con los creyentes antes muertos y ahora resucitados. esta será la gloriosa primera resurrección, en la que tendrán parte los mártires de la Gran Tribulación que serán llamados a la vida al comienzo de los mil años, junto con los santos del AT (ver apéndice a este artículo; cfr. Apocalipsis 2:4 6). Ya ahora el creyente ya tiene vida de resurrección, habiendo resucitado espiritualmente en su nuevo nacimiento (Juan 5:24 ; Romanos 6:1 , 4; Efesios 2:4 6; Colosenses 1:3 4); pero todavía tiene pendiente la adopción, la resurrección del cuerpo (Romanos 8:23 ).
Los que tendrán parte en esta resurrección son los de Cristo (1 Corintios 15:22 23), aquellos que el Padre le ha dado (Juan 6:39 44). Pero no todos participarán de ella, porque no lo tienen a el. Esta es la razón de que se hable de una resurrección de entre los muertos (Filipenses 3:11 ; Marcos 9:9 10).
Esta doctrina es notable no sólo por su plenitud y espiritualidad, sino también por lo alejada que está de las concepciones filosóficas surgidas al margen de la Revelación. En efecto, es absolutamente distinta de la concepción griega que pretende que el alma es preexistente al cuerpo e inmortal para vivir eternamente independiente del cuerpo; la salvación, en estos sistemas, consiste en la liberación definitiva, desligada del cuerpo. Los maniqueos (herejes de los primeros siglos d.C.) establecían un antagonismo irreductible entre el cuerpo y el espíritu, siendo que el cuerpo material representaba al mal, y que el alma quedaba degradada por su unión con el cuerpo. Frente a ello, las Escrituras enseñan que el cuerpo y el alma, creados ambos por Dios, son buenos en sí mismos, y destinados el uno para la otra, y para la inmortalidad (cfr. 1 Corintios 6:15 , 19).
(c) La resurrección de los impíos.
En las Escrituras se enseña claramente que habrá dos resurrecciones: la de los creyentes, para vida eterna, y la de aquellos que no se han acogido al Salvador, para juicio y confusión eterna (Daniel 12:2 ; Juan 5:28 29; Los Hechos 24:15 ; Apocalipsis 20:4 5). La primera resurrección tiene lugar antes del comienzo del Milenio, y la otra inmediatamente después, par a dar lugar al Juicio Final (Apocalipsis 20:5 , 12-13). De estos textos se desprende que en este momento resucitarán los injustos, los que han vivido el mal, los que no pertenecen a Cristo, y que no han sido tenidos por dignos de tomar parte en la primera resurrección; los que, al no haber sido salvos por la fe en la obra redentora de Cristo, serán juzgados por sus obras. ¡Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! (Apocalipsis 20:6 ).
(d) Apéndice: exégesis de Daniel 12:2 .
Es preciso señalar que la traducción comúnmente dada en diversas versiones no es correcta. En la Reina-Valera se traduce así: Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergefrac14;enza y confusión perpetua. De este pasaje se puede sacar la impresión de que habrá una resurrección simultánea de ambos grupos. Pero en esta traducción el lenguaje es incoherente. Se afirma que muchos serán despertados, y parece que se refiere a muchos de dos grupos, pero evidentemente no todos. En realidad, como muestra N. West en su obra The Thousand Years in Both Testaments, la traducción correcta del pasaje, en relación con el contexto, es: Y (en aquel tiempo) muchos (de tu pueblo) despertarán (o, serán separados) de entre los que duermen en el polvo de la tierra. estos (que se despiertan) serán para vida eterna, pero aquéllos (los que no despiertan en este tiempo) serán para vergefrac14;enza y confusión eterna. Así, en realidad, en Daniel se enseña la resurrección de una de las dos clases a que pertenece el pueblo de Israel en aquel tiempo (Daniel 12:1 ). Para una consideración plena de la redacción de este pasaje y de su relación con el marco escatológico del AT y del NT, cfr. N. West, op. cit., PP. 265-268. (Véase MUERTE.)
Bibliografía:
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Morrison, F.: ¿Quién movió la piedra? (Ed. Caribe, Miami, 1977);
Pentecost, J. D.: Eventos del Porvenir (Ed. Libertador, Maracaibo, 1977);
Sherlock, T.: Proceso a la resurrección de Cristo (Clíe, Terrassa, 1981);
Stott, J. R. W.: Cristianismo básico (Ed. Certeza, Buenos Aires, 1977);
West, N.: The Thousand Years in Both Testaments (Kregel Pub., Grand Rapids, reimpr. s/f edición 1889).

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